SemanaRAF 08 – 2015

LA HERENCIA DE NUESTROS HIJOS

por Héctor L. Koberski

[Tiempo estimado de lectura: 5mm:45ss]
Sí! Un poco más larga de lo usual pero tenemos dos días feriados por delante.

Fireball in handEsta nota la tenemos guardada desde hace unos cuantos años y fue tomada en su momento de un Newsletter titulado Llama Piloto que se ocupaba de la difusión, intercambio, novedades, conceptos y opiniones sobre el control de incendios en áreas residenciales e industriales.

Su editor, el Ing. Héctor L. Koberski  decía: “Pretendo tratar temas relativos a la seguridad industrial con profundidad académica, pero sin el necesario formalismo que requieren los claustros” y tenía como propósito o lema: “Aspiramos a ser la Llama Piloto que encienda nuestro intelecto hacia un conocimiento más profundo sobre el desarrollo de un incendio y las técnicas para su prevención y combate“.

Si llegaron hasta acá supongo que es por haber superado el prejuicio de que un boletín sobre incendios y seguridad industrial debe ser aburridísimo. Después me dirán pero yo creo que ahora viene lo mejor: la planificación del futuro desde un aspecto no menos importante que el financiero y que si no se tiene en cuenta, éste último no va a servir para nada.

Los dejamos con la nota.

LLAMA PILOTO N° 020
Córdoba, Argentina, 25 de setiembre del año 2001

Estimado amigo y amiga:

Mis mejores y más cordiales saludos en este primaveral número. Mi deseo es que haya iniciado esta especial estación del año –en la que toda la naturaleza renace– como una manifestación de nuestras esperanzas hacia el resurgimiento de un mundo mejor. Porque, a pesar del dolor que enluta a la humanidad entera, sin importar credo, raza o color… la vida continúa. Y es, no sólo nuestra obligación, sino nuestro derecho, tratar de que esa vida sea una luz de esperanza para nuestros hijos. (*)

Si todos pensáramos y obráramos con la convicción de que la tierra no es una herencia de nuestros padres, sino la que dejaremos a nuestros hijos, tal vez en el horizonte veríamos brillar el sol.

¿Prestó atención al pensamiento que expresé? En realidad, el mismo fue tomado de Luis Donaldo Colosio Murrieta: “La tierra no nos fue heredada de nuestros padres, nos fue prestada por nuestros hijos“.

Para quien la lee al vuelo, suena bien. Si se la lee con detenimiento tiene fuerza. Así que me puse a analizar qué me dejó Sergio, mi papá, por herencia, o en devolución de lo que yo le había prestado. Como primera medida consulté mi cuenta bancaria: lamentable. Mi billetera: más lamentable aún. Deduje que por ahí no pasaba la cosa.

Fui entonces a almorzar a lo de Elvira, mi mamá. Disimuladamente, indagué dónde estaba la herencia que me había dejado Sergio ya que –según el Señor Murrieta– su capital era, en realidad, de mis hermanas y mío, y él lo había tomado prestado y administrado.

Claro, un poco difícil fue explicarle a mi mamá, una mujer que está disfrutando el placer de ver crecer a sus nietos, que yo andaba buscando el capital que le había prestado a Sergio en el momento mismo de mi nacimiento. Aunque, en realidad, le presté tan sólo una parte, que la otra correspondía a otro préstamo que habían hecho mis hermanas.

– ¿Cómo es eso, Héctor? No te entiendo, estás haciendo un lío bárbaro. ¿Me dices que, en el preciso momento en que naciste, alguien te ha dicho que le has entregado una suma de dinero a tu papá, y que ahora estás indagando para conocer si administró bien tu dinero?

Mira hijo, debo decirte algo: No has venido al mundo volando desde París en el pico de una cigüeña, dentro de una canastita llena de pompones, junto a un fajo de billetes. Si bien de estas cosas nunca hablé contigo, ya es el momento para que las conozcas.

Se me viene en banda el misterio del nacimiento a los cincuenta y pico de años“, pensé para mis adentros, justo ahora me cuenta esto. Pero nada dije. Yo estaba buscando dónde estaba el capital que le había prestado a mi papá. Estaba seguro que algo de eso mi mamá debería saber. Realmente, estaba desorientado, no sabía cómo hacer para entender la frase de este señor Murrieta.

Como ingeniero que soy, decidí analizar el problema desde una perspectiva causa-efecto, e hice una inversión del problema. Me posicioné en el rol de padre.

Como estaba seguro que ninguno de mis hijos me había entregado ni un peso cuando nacieron, y si ese señor hablaba con la verdad, ellos tendrían el dinero escondido por algún lado y se estaban haciendo los burros para que yo no lo administrara.

Tal vez no me tengan confianza, pensé.

–Pero papáaaaaa –me dijo Marcos, uno de mis hijos que me acompañó en la visita– el capital del que estás hablando es la plata, que sí tendrás que dejárnosla a mí y a Andrés, si es que te queda algo al cabo de tu vida. Así que, por ahora, mi inteligencia es lo único que tengo como para juntar plata.

–Ahí está claro –dijo mi mamá que estaba sentada, pedaleando en la máquina de coser, en tanto yo me distraía observando el vaivén de la aguja iluminada por la lamparita de la máquina. Héctor, estas confundiendo las cosas –me dijo.

El capital del que habla ese señor que mencionas, como te lo está indicando tu propio hijo, es la inteligencia, que durante sus primeros años se la administras: le das la educación que crees conveniente, que es muy distinto al colegio que crees conveniente. Le presentas la escala de valores que supones tomará como referencia. Le das las BASES PARA SU FORMACIÓN. Según lo que le inculques, orientarás su personalidad. Él, luego, con su libre albedrío, con su propia escala de valores y con la información que le has dado, sabrá elegir cuál es el camino que más le conviene. Así que, si quieres saber cuál es el capital que te ha dejado Sergio, investiga dentro de ti. Ya eres grande, como para confundir ese pensamiento con el dinero. Pero debes tener los pies en la tierra, el volar es para los pájaros. Disponer de dinero es muy importante para la satisfacción de la escala de valores materiales. Con él tendrás la libertad de elegir entre un piso de parquet o de cemento alisado para el living de tu casa, y eso también es parte de la vida. Ahora, como padre, al haber tomado en préstamo la inteligencia de tus hijos y haberla moldeado de acuerdo a tus convicciones, intentando que comprendan la importancia que tiene la continuidad de la vida en la tierra y la preservación de la naturaleza en un mundo en seguridad –que tanto pregonas– tal vez sea lo que tomen como punto de partida Marcos y Andrés. Ellos son la continuidad de tu familia, y tú has hecho el aporte para que pretendan el mejoramiento de la vida en el planeta.

Ahora sí. Con estos valores, contesto tu pregunta con otra: ¿El capital que le has prestado a tu padre, lo administró él correctamente, como para que tú hoy sepas administrar el de tus hijos?

Para ese entonces, mi mamá ya había terminado su costura. Así que le pedí que me sirviera un postre casero de quinotos, que suele preparar para esta fecha. ¡Estaba riquísimo!

Me despedí, bajé por la escalera evitando el ascensor, volví caminando a mi oficina, así seguía pensando un rato más. Por el auto no me preocupaba.

Marcos quedó con su abuela, y seguro que me lo traería dentro de dos o tres días. Alguna justificación encontraría que hiciera “realmente imposible” la devolución de mi coche en un tiempo menor.

Cuando llegué, encendí mi computadora y me puse a trabajar con alegría. Mis hijos aman la naturaleza, sufren cuando ven densas zonas del planeta devastadas por la acción del hombre. No aceptan la maldad, aplauden las acciones conservacionistas, son optimistas en la evolución.

Si sus hijos piensan como los míos –y seguramente lo hacen– pongámonos contentos: al menos en la voluntad, no hemos perdido la partida. Tal vez ellos, al tomar prestada la tierra que les den sus hijos, harán las cosas mejor de lo que las estamos haciendo nosotros.

Entonces… ¡Cada uno a su puesto! El mío, hoy y aquí, es este.

Agradecemos a Héctor por autorizarnos a compartir estas reflexiones.

(*) Esto fue publicado originalmente a pocos días del atentado al WTC.

– – – o – – –

“El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años; el segundo mejor momento es ahora” Proverbio chino

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BONUS TRACK

Mensaje de la Naturaleza que como buena madre nos muestra lo linda que es la casa y que de nosotros depende que siga siendo habitable para nosotros.

 

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Si no podés ver el video incrustado andá al blog

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