SemanaRAF 26 – 2012

COMPROMISOS ASUMIDOS

por Mariano Durlach

[Tiempo estimado de lectura: 2mm:45ss]

En el posteo anterior decíamos que con los pedidos y ofertas, si bien lo que queremos es que algo ocurra o que algo cambie, nuestro objetivo tenía que centrase en conseguir un Sí o un NO, es decir la aceptación o la negativa a realizar la acción pedida u ofrecida.

¿Por qué esto? O mejor dicho: ¿para qué? Para poder saber a qué atenerme. Si alguien acepta mi pedido se compromete a hacer algo y basado en la confianza que me depara esa persona, yo a su vez puedo hacer otros pedidos u ofertas.  Si el otro acepta mi oferta, yo quedo comprometido de la misma manera a hacer lo que ofrecí.

Está todo muy lindo cuando se aceptan los pedidos y ofertas, porque es eso lo que esperábamos, pero también nos sirve tener un “no” como respuesta cuando alguien (o yo mismo) no va a poder cumplir con el pedido y lo sabe de antemano. ¿Cuántas veces decimos que sí a pedidos que de antemano no estamos seguros de que vamos  a poder cumplir… Y no estoy hablando de engaño o fraude, estoy hablando -si se quiere decir- de autoengaño o de esperanza de poder cumplir sabiendo que tengo otras obligaciones o prioridades “pero si me queda un huequito tal vez lo pueda hacer” -pensamos.

Tengamos en cuenta que el incumplimiento de una promesa genera tres niveles de daño:

Operativo: es el más superficial: lo que se daña es la tarea que no se realizó al fallar su coordinación. Puede haber una buena explicación o excusa para no haber cumplido (“Llegué tarde porque el tránsito estaba infernal”).

Relacional: lo que queda dañado es el vínculo por la pérdida de confianza. Se puede avisar con tiempo cuando no se va a poder cumplir, por ejemplo un llamado avisando que estamos retrasados a causa del tránsito.

Personal: es -tal vez- el más profundo porque entra en juego la integridad personal; las personas sufren por haber sido defraudadas. Cuando el incumplidor no se hace cargo de su incumplimiento afectando la propia imagen pública (“Bueno… si estabas tan preocupado porque no llegaba me podrías haber llamado vos…”). Genera sufrimiento por defraudación.

Asumir un compromiso tiene que ver con un cierto grado de consciencia para hacerme cargo de cuáles son mis posibilidades de cumplimiento teniendo en cuenta, también cuáles son los factores que pueden hacer que yo no cumpla. No podemos controlar todo, no podemos controlar muchos factores externos que a veces dependen de terceros. Yo sólo puedo hacerme cargo de lo que está dentro de mi ámbito de acción o posibilidades. Sólo me puedo comprometer a aquellas acciones que están dentro mis posibilidades. Cuando mis promesas dependen de terceros, es conveniente hacerlo saber.

Ejemplo: yo puedo recomendar determinada inversión, puedo hacer saber los riesgos de esa elección, las posibilidades de ganancias y perdidas; mostrar reportes de seguridad financiera, historial de rendimientos; índices de cumplimiento y cualquier otro dato que aporte certeza (en el pasado) y aporte confianza en el cumplimiento futuro y que a mí me permite fundamentar mi recomendación. Lo que no puedo es hacerme cargo de cualquier falla en el cumplimiento por factores ajenos a mí. Siempre puede aparecer una fuerza superior, una ley que cambie las condiciones en las cuales yo hice mi promesa y por la cual aquello a lo que me comprometí no se puede cumplir. Lo que no puedo es no hacerme cargo de anticipar a los involucrados el cambio en las condiciones de satisfacción ofertadas o comprometidas. Y cuánto antes lo haga mejor!!! La anticipación puede achicar los daños.

En próximas salidas veremos cuál es la diferencia entre quejarnos y reclamar cuando una promesa no fue cumplida; también veremos que hay una forma eficaz de hacerlo para lograr lo que se esperaba, mantener las buenas relaciones y hacer un aprendizaje.

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“Si uno sabe lo que hará, está limitado, pero si sabe mejor lo que no hará, entonces habrá una enorme cantidad de cosas que podrá hacer”. Harry Goolishian.

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BONUS TRACK

Un mensaje de U2 en homenaje a Martin Luther King.

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