SemanaRAF 12 – 2012

HISTORIA DE LA PRUEBA CUADRUPLE

De lo que se piensa, se dice o se hace

por Herbert J. Taylor

[tiempo estimado de lectura: 5mm:45ss]

Esta historia la conocí a través del que era -en su momento- presidente de una delegación regional del Rotary Club. Me la regaló y la llevo desde ese día doblada en mi billetera. Cada tanto disfruto de su lectura y hoy quiero compartirla con ustedes. 

“Allá por 1932 los acreedores de la Club Aluminum Company me encomendaron la tarea de salvar de la quiebra a la citada empresa. Era concesionaria ésta para la distribución de utensilios de cocina y otros artículos para el hogar. Nos encontramos con que el pasivo superaba al activo en más de 400.000 dólares. La empresa estaba quebrada, pero continuaba operando. [(*) Ver notas al pie para actualizar estos valores]

De un banco de Chicago obtuvimos un préstamo de $6.100, con el objeto de contar con un poco de dinero en efectivo para trabajar.

Aunque nuestros productos eran de excelente calidad, también nuestros competidores fabricaban excelentes utensilios de cocina de marcas muy bien anunciadas. Teníamos magníficos empleados, pero los de nuestros competidores no eran inferiores. Y la situación económica de nuestros competidores era, naturalmente, mucho más firme.

Dados los tremendos obstáculos y desventajas que había que vencer comprendimos que necesitábamos en nuestra organización algo de que no dispusieran en igual proporción nuestros competidores. Decidimos que ese elemento fuera el carácter, el sentido de responsabilidad y el deseo de servir a nuestro personal de empleados. Resolvimos poner en primer lugar, especial cuidado en la selección de nuestros empleados y, en segundo, ayudar a éstos a hacerse hombres y mujeres mejores a medida que progresaran con nuestra empresa.

Creíamos que en obrar con rectitud encontraríamos mayor vigor, y resolvimos que tal fuera siempre la orientación de nuestra conducta. Nuestra empresa, como otras muchas, tenía su “código de ética”, pero se trataba de algo larguísimo que no era posible aprender de memoria y que, en consecuencia, no resultaba práctico. Comprendimos que era preciso contar con un medio sencillo de apreciar la moralidad de nuestros actos, algo que pudiera aprender  rápidamente de memoria cada uno de los empleados de la empresa. Creíamos, además que no debería la proyectada prueba decir  a nuestros empleados cómo era preciso que obraran, sino plantearles ciertas preguntas que les permitieran a ellos mismos juzgar de la rectitud o falta de rectitud de los planes, política, palabras o actos que proyectaran.

Habíamos buscado en la literatura disponible una medida de ética sencilla y práctica, pero no habíamos podido encontrar una que nos satisficiera.

Un día, en julio de 1932, decidí rogarle a Dios; por la mañana en mi escritorio, le pedí darnos una simple guía que nos ayudara a pensar, decir y hacer lo que fuera correcto. E inmediatamente tomé  una tarjeta y escribí La Prueba Cuádruple de lo que se piensa, se dice o se hace:

1.       ¿Es la verdad?

2.       ¿Es equitativo para todos los interesados?

3.       ¿Creará buena voluntad y mejores amistades?

4.       ¿Será beneficioso para todos los interesados?

Coloqué bajo el cristal de mi escritorio estas cuatro preguntas y resolví aplicar la prueba durante unos cuantos días antes de hablar de ella a nadie de nuestra organización. La experiencia resultante fue desalentadora. Me sentí tentado a arrojar el papel al cesto en el primer día en que sometí al calibrador de la primera pregunta -“¿Se dice la verdad?” – cuanto pasaba por mi escritorio. Jamás me había dado cuenta de lo lejos que con frecuencia me encontraba yo mismo de la verdad, ni de la cantidad de expresiones ajenas a ella que aparecían en la literatura, la correspondencia y los anuncios de la empresa.

Al cabo de unos sesenta días de fiel y constante esfuerzo por atenerme a la Prueba Cuádruple me convencí completamente del gran valor de la misma, pero también  me sentía profundamente humillado, y hasta descorazonado a veces, ante mi propio proceder como presidente de la compañía. De todos modos, ya había logrado suficiente progreso en la aplicación de la Prueba Cuádruple como para sentirme con autoridad para hablar de ella a mis compañeros de trabajo. La expliqué a los cuatro jefes de departamento. Interesará al lector saber que uno de ellos era católico, otro profesaba “Ciencia Cristiana”, el tercero era judío ortodoxo, y el cuarto, presbiteriano.

Pregunté a cada uno de ellos si encontraban algo en la Prueba Cuádruple que contrariara las doctrinas y los ideales de su respectiva religión. Todos convinieron en que la verdad, la justicia, la amistad y el deseo de ser útil no solamente coincidían con sus ideales religiosos, sino que, si encontraran constante aplicación en el campo de los negocios, contribuirían seguramente a alcanzar éxito y progreso mayores en ellos. Los cuatro jefes de departamento convinieron en recurrir a la Prueba Cuádruple para  apreciar la bondad de los  planes, política, declaraciones y anuncios que proyectara la empresa. Posteriormente se pidió a todos los empleados que aprendieran de memoria la Prueba Cuádruple y que la aplicaran en sus relaciones con los demás. 

Sometidos a ella nuestros anuncios, se resolvió en la eliminación de afirmaciones cuya verdad no pudiera probarse. Desaparecieron de nuestra publicidad comercial todos los superlativos relativos como “mejor”, “más grande”, “superior”, etc. Con ello el público fue cobrando poco a poco mayor confianza en lo que decían nuestros anuncios e inclinándose más a comprar nuestros productos. La constante aplicación de la Prueba Cuádruple nos indujo a modificar las normas relativas a nuestras relaciones con los competidores. Eliminamos toda alusión adversa en nuestros anuncios a los productos de éstos. Siempre que se nos presentaba oportunidad de hablar bien de nuestros competidores lo hacíamos. De este modo nos ganamos su confianza y su amistad.

La aplicación de la Prueba Cuádruple a las relaciones con nuestros  empleados y con nuestros abastecedores, y a las relaciones con nuestros clientes nos ayudó a ganar su amistad y su buena voluntad. Habíamos comprobado que la amistad y la confianza de aquellos con quienes tratamos son elementos esenciales para triunfar permanentemente en los negocios

En más de veinte años de sincero esfuerzo de nuestro personal de empleados hemos avanzado firmemente hacia la conquista de los ideales expresados en la Prueba Cuádruple. Nuestra recompensa ha sido un constante aumento de las ventas y las utilidades de la empresa, y de la remuneración que perciben nuestros empleados. A partir del estado de quiebra de la empresa, en 1932, ha logrado ésta pagar totalmente a sus acreedores, dar dividendos a sus accionistas por más de un millón de dólares, y alcanzar un valor que actualmente pasa de los dos millones de dólares. Todo esto tuvo por base una inversión en efectivo de $6.100, la Prueba Cuádruple y la laboriosidad de algunos individuos que tienen fe en Dios y abrigan elevados ideales. 

Los dividendos intangibles de la Prueba Cuádruple han sido mayores aún que los de orden económico. Hemos visto aumentar constantemente la buena  voluntad, la  amistad y la confianza de nuestros clientes, competidores y público en general, pero, sobretodo, hemos advertido una gran elevación en el carácter moral de los empleados de nuestra empresa.

Hemos comprobado que no puede aplicarse constantemente la Prueba Cuádruple a todas las relaciones con los demás hombres durante las ocho horas de trabajo del día sin adquirir la costumbre de hacer otro tanto en el hogar, en sociedad y en la vida pública. De este modo se convierte uno en mejor padre, mejor amigo y mejor ciudadano.”

Notas:

Si tomamos el cuadro SBB&I de Ibbotson [Stocks, Bonds, Bills & Inflation] que mide y compara desde 1926 el valor de las acciones de grandes y pequeñas compañías, Bonos y Letras del Tesoro y la inflación de EEUU podemos actualizar -para dimensionar- algunos valores. Si en 1926 hubieramos tomado un dólar y lo hubiéramos invertido en acciones de pequeñas compañías, hoy tendríamos aproximadamente 16.937 dls; en grandes compañías tendríamos unos 3.162 dls y para comprar lo mismo que en ese momento se pagaba un dólar, hoy se necesitarían 12 dls.

Dicho lo anterior los 6100 dls mencionados podríamos decir que son unos 73mil de hoy, si nos basamos en la inflación sólamente; las pérdidas de 400mil equivaldrían a poco menos de 5 millones de hoy 

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“En manos de un ser humano sabio y maduro, el poder es una gran bendición. Pero en manos de un inmaduro, débil o emocionalmente enfermo, el poder es un peligro tremendo” Abraham Maslow

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BONUS TRACK

¿Cómo serían los resultados en nuestra sociedad si en cada sesión de lo que sea, donde se debaten y toman decisiones que impactan a muchas personas, éstas fueran sometidas a la Prueba Cuádruple.

Y… ¿cómo serían mis propios resultados y el mundo que estoy creando permanentemente a mi alrededor si yo someto cada decisión mía a la Prueba Cuádruple?

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