SemanaRAF 40 -2010

LAS EMOCIONES EN LA PLANIFICACIÓN

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Este viernes pasado fuimos invitados por el Rotary Club de Don Torcuato a dar una charla acerca de lo que significa la Planificación Financiera Personal… Creemos que a todos nos puede venir bien hacer un repasito… 

Basamos la misma en un repaso de lo que significa planificar en general pero llevándolo específicamente al aspecto de las finanzas personales e incorporando el componente emocional. ¿Cómo juegan las emociones en la planificación de las finanzas personales?  

Entonces vamos paso a paso…

 

1.   PROPÓSITO.  

Como en cualquier evento que vayamos a planificar, lo primero que tenemos que tener claro es el propósito; el “¿para qué?”; es decir ¿Qué queremos que pase? ¿Para qué vamos a hacer lo que vamos a hacer? ¿Cómo nos vamos a sentir cuando ocurra aquello que queremos que ocurra? 

Cuando se trata de PFP [Planificación Financiera Personal] pueden haber varios propósitos: ahorrar para pagar los estudios universitarios o de posgrado de hijos o nietos; tener un capital para el retiro; juntar un capital para abrir un negocio o independizarnos de la relación de dependencia; tener fondos para eventualidades que no nos permitan trabajar por un tiempo; desempleo temporario; juntar dinero para celebraciones sociales o religiosas como fiestas de 15 años, matrimonios; viajar;  etc…  

Y vemos cómo ya aparece la preocupación que tenemos aquellos que somos sostén de familia cuando pensamos en la continuidad de la generación de los ingresos. Sabemos que el dinero proviene de nuestro trabajo o de la renta que genere algún capital que tengamos. Si por alguna razón no generamos ingresos por nuestro trabajo, pasamos a depender de nuestro capital. Esto nos genera mayor o menor estrés. Muchas veces por no saber cómo resolverlo. 

Comprender y aceptar este punto es importante para empezar a plantear propósitos y objetivos de ahorro e inversión y disminuir ese estrés. 

Veamos las 4 causas por las cuales puede fallar la generación de ingresos por nuestro trabajo:

a) Desempleo. Es la primera que nos viene a la mente. De la mayor o menor reserva que tengamos para cubrir nuestros gastos, dependerá el tiempo que podamos darnos para elegir nuevas posibilidades laborales o agarrar lo que venga.

b) Incapacidad o enfermedad. Algunas personas tienen los gastos cubiertos con su ART; en muchos casos no es suficiente ya que ésta sólo cubre sueldos básicos sin comisioneso bonos y en el caso de los independientes no está ni siquiera dentro de las alternativas. 

c) Retiro laboral. Es importante diferenciar la Jubilación, como estado o situación ante la Seguridad Social del retiro efectivo. Mucha gente está jubilada, cobra haberes jubilatorios pero igual debe seguir trabajando para generar ingresos. Y viceversa: gente que está retirada viviendo de rentas y sigue haciendo aportes al sistema.

d) Fallecimiento. Las tres causas anteriores nos afectan a nosotros y a nuestros propios ingresos. Con el fallecimiento cesan los ingresos. Así de duro: muere la persona y mueren sus ingresos. Pero los gastos de los que dependen de nosotros continuan.  

Si cualquiera de estas ocurre pasamos a depender de los ahorros y de la renta que generen. Si los ahorros son pocos, se consumirán rápidamente; si por sí solos generan una renta suficiente para cubrir los gastos podemos estar tranquilos.  

La tendencia general cuando armamos un portfolio de inversiones es de diversificar por riesgos; lo que proponemos nosotros es diversificar por objetivos. Diferentes cuentas u opciones para diferentes propósitos. 

 2. REALIDAD DESEADA.

 
 
 
 

¿Qué quieres hacer cuando te retires?

Una vez que sabemos para qué queremos ponernos a ahorrar o invertir, el próximo paso es saber cuánto vamos a necesitar para lograr eso que queremos. Si queremos hacer un crucero tenemos que saber cuánto nos va a costar; si queremos ampliar la casa tenemos que saber cuánto va a costar la obra y sobre todo tenemos que tener muy en claro cuándo queremos que eso ocurra. Muchas veces en este punto pensamos “cuando junte lo suficiente entonces haré…”; el planteo puede ser alrevés: “antes de xx momento de mi vida quiero tener $$ para darme el gusto de …” y a partir de ahí empezamos a planificar. Planificamos por objetivos y no por esperanza.

 Justamente la PFP juega con todas estas variables incluso con la emocionalidad de imaginar y disfrutar de esa visión deseada.

 

3. REALIDAD ACTUAL

Este es nuestro punto de partida y también aparecen las preguntas de nuestro cerebro racional: ¿De cuánto dispongo? ¿Dónde estoy parado? ¿Qué vengo haciendo para lo que me propongo? ¿Será suficiente lo que vengo ahorrando? ¿Tendré que hacer refuerzos, dejar de gastar?

 Y las que nos hace nuestro cerebro emocional: ¿Cómo me siento con lo que estoy haciendo? ¿A qué le estoy poniendo más energía… a vivir el presente o a prever el futuro sin disfrutar el presente? ¿Se podrá encontrar un equilibrio? ¿Cómo me sentiré cuando lo encuentre?

 

 

4. TRAZAR UN PLAN

 Teniendo claro lo que queremos; cuándo lo queremos; cuánto va a hacer falta para lograrlo; dónde estamos parados; ahora lo que sigue es ver concretamente ¿qué tengo que hacer? y aquí vemos cómo juegan e intervienen la razón y la emoción en nuestra evaluación y toma de decisión.

a. El componente racional y matemático que va a responder preguntas como: ¿cuánto voy a necesitar? ¿Cuándo lo voy a necesitar?

Esta parte del cerebro nos va a decir lo que tenemos que hacer.

Supongamos que estamos analizando nuestro retiro [el propósito]. Llegamos a la conclusión de que necesitamos tener 4 departamentos alquilados para obtener una mensualidad acorde a nuestro nivel de vida esperado a esa edad. Sabemos el valor de esos 4 departamentos. Nuestra realidad actual es que ya tenemos uno [y que no pensamos regalarlo a nuestro hijo cuando se case] entonces la incógnita es: 

¿Cuánto tengo que ahorrar cada año o cada mes para comprar los 3 departamentos? ¿A qué tasa de interés?b. La parte emocional de nuestro cerebro nos va a plantear preguntas como: ¿Qué riesgo estoy dispuesto a asumir? ¿Qué temor me provoca determinado tipo de inversión? ¿Qué tipo de institución financiera me da confianza? ¿Cuál no me da confianza? ¿Cuáles fueron mis experiencias en el pasado? ¿qué voy a hacer ante la experiencia pasada? ¿Me inmovilizo o busco otras alternativas? ¿Cuáles son los riesgos de cada una de las opciones anteriores?  

Esta parte de nuestro cerebro nos va a llevar a lo que queremos hacer.Acá es donde un buen Planificador Financiero nos puede ayudar a respondernos esas preguntas. Esta es la diferencia entre un asesor financiero tradicional que nos va a recomendar la mejor inversión desde su mirada estrictamente resultadista -generalmente de corto plazo- y un Planificador que -como un coach- va a trabajar con nosotros y nuestras posibilidades y emociones. No digo que esté mal tener un asesor financiero; al contrario el valor está en trabajar en conjunto o ambas estrategias…: primero como un coach y luego como asesor. 

Con todas estas preguntas y respuestas en algún momento voy a tener que tomar una decisión para…

  

5. PONER EL PLAN EN ACCIÓN 

De alguna manera tengo que establecer una cuenta diferenciada para ese propósito y empezar a desviar parte de mis ingresos a ella o si ya dispongo de ahorros [todos en la misma bolsa] hacer -por ejemplo- una vez al año un cambio de alcancía.

 

6. MONITOREO

Esto implica hacer un seguimiento periódico del plan trazado. Este monitoreo, no sólo sirve para revisar avances sino para revisar objetivos. A lo largo del tiempo van cambiando las necesidades y los deseos entonces tenemos que ir haciendo los ajustes necesarios para llegar a destino.

Cuando hablamos de PFP, sobre todo en los planes de largo plazo como puede ser la planiificación del retiro laboral, pueden cambiar muchas cosas. Desde nuestras expectativas o necesidades para cubrir el mínimo estándar de vida, hasta las correcciones o desvíos por mejores o peores rendimientos. Este es un punto que no debe ser tomado a la ligera y que depende mucho del tipo de inversión. En próximos posteos trataremos acerca de los rendimientos y expectativas de acuerdo a cada tipo de inversión y plazo.  

 

7. LLEGAR HASTA EL FINAL

Puede parecer una verdad de perogrullo pero cuando los planes quedan truncos o no llegan a su fin sentimos el peso del fracaso. Esto no es culpa del plan en sí mismo, sino de que nosotros no los seguimos hasta el final. 

En los planes financieros es muy común cambiar el compromiso puesto en el propósito inicial sacrificando una necesidad de largo plazo, como puede ser el retiro o la independencia financiera por un deseo o satisfacción de corto plazo, como puede ser un viaje o cambiar el auto. Total… todavía hay tiempo.

Por eso uno de los mayores desafíos en los planes financieros es el compromiso de mantenerlos hasta el final.  

 

BONUS TRACK

Descartes planteó que somos seres racionales con emociones: “Pienso, entonces soy“.

Blas Pascal proponía -en cambio- que somos seres emocionales con capacidad de pensar y nos decía: “el corazón tiene razones que la razón no entiende

“…para saber cómo se siente sentir… desear…  desesperar… asombrarse… amar!”

“…tu puedes alcanzar la inmortalidad, simplemente haciendo algo grandioso!”

 —–

“Tener un plan de acción no garantiza el éxito,

pero no tenerlo asegura el fracaso”

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