SemanaRAF 39 – 2010

LA ECONOMÍA NECESITA DE LA MALDAD…
… pero no abusemos!

 
 

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¡Cuántas de las actividades comerciales y profesionales de nuestra economía no existirían si nos rigiéramos por los siguientes dos principios: 

¡Tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros!

¡Mis derechos terminan donde empiezan los de los demás!

Al primero se lo conoce como La Regla de Oro y figura en los libros sagrados de las religiones que suman más creyentes.

El otro día pensaba en la cantidad de actividades y trabajos que se han creado sólo porque existe la maldad. Y no hablo de robar o vender drogas que no merecen llamarse trabajos. Hablo de trabajos lícitos y honorables pero que no tendrían cabida en una sociedad de gente respetuosa de los demás.

 

Abogados y jueces -por ejemplo- verían limitada su actividad, ya que de producirse un daño a terceros, éste sería sólo accidental y con sólo ofrecer disculpas o reparar de motus propio el daño, quedaría terminada la cuestión. ¿Para qué iniciar una demanda? ¿Para qué podría yo necesitar un abogado defensor? El abogado se limitaría a revisar que lo que estoy por hacer de buena fe no viole alguna norma desconocida por mí. ¿Para que podría yo necesitar un escribano? ¿Para dar fe de que una cosa es cierta? Si con la palabra tendría que ser más que suficiente.

Policías, Gendarmería, Fuerzas Armadas, hasta las modernas empresas de vigilancia privada no tendrían sentido en un mundo en el cual la gente elige vivir en paz. A propósito ¿Conocen a alguien que le guste vivir en guerra? Y sin embargo parece como si nos encantara. A propósito: siempre tuve la fantasía de que existiera una especie de ley mundial o código de honor por el cual el gobernante que declara la guerra a otro país tiene que entregar a su hijo para que vaya en primera fila. Tal vez lo ayude a medir si es más valioso lo que está en juego que la vida de una sola persona.

Tampoco serían necesarios en esta nueva economía -basada en la ausencia de maldad- las funciones de control. Organismos estatales de control, inspectores, auditores, hasta el guarda del tren estaría de más. Mis queridos amigos arquitectos podrían dedicar más tiempo a la creación y no perder mañanas enteras controlando que no los “perreen” con los materiales. A lo sumo los organismos de control y auditores limitarían su tarea al control de errores ya que nadie es infalible y cuatro ojos ven más que dos.

Fabricantes de cajas de seguridad, cerraduras y candados, puertas blindadas y rejas, sistemas de alarma, chalecos antibalas y armas ¡las malditas armas!, que si sólo fuesen usadas para fines deportivos…

¿Y los bancos y las compañías de seguros? Los primeros verían su actividad limitada a la prestación de servicios financieros, dejando relegada la de custodia y dejando sin trabajo a los transportadores de caudales entre otros. ¿Para qué una caja de seguridad? Las segundas dejarían de emitir pólizas contra robo y hurto; sólo responsabilidad civil y contra eventos naturales o accidentales.

Hasta los sacerdotes, rabinos y pastores podrían dedicarse de lleno a la actividad pastoral y espiritual; se verían aliviados en sus tareas de confesión y no necesitarían de la colaboración de Damas de Caridad y fundaciones de beneficencia para dar de comer y vestir a los indigentes ya que la inmensa riqueza que nos da la madre tierra seguramente sería distribuida equilibrada y generosamente para satisfacer, por lo menos, las necesidades más primarias. Tal vez podrían dedicarse a dar apoyo a otras necesidades: enfermedades, incapacidades, etc.

Las preguntas a hacernos son: ¿yo necesito de todo lo anterior para protegerme de los otros? O… ¿yo soy actor y protagonista en esto y con mis actitudes  genero la necesidad en los demás?

¿Necesitamos realmente de la maldad para que se mueva la economía?

Creo que si el mundo ha podido transformar la economía de rural y agrícola a urbana e industrial, reemplazando y redistribuyendo obreros por máquinas, bien podrá usar la misma mano de obra que empaqueta un arma para empaquetar un paquete con alimentos. Y tal vez buena parte de la plata que se paga de impuestos para solventar el costo de ser controlados y cuidados, la podríamos usar para construir e invertir y a esa gente derivarla a nuevas actividades productivas y no destructivas.

Voy a terminar con un párrafo extraído de uno de los Cuadernos de Apuntes de José Luis Martín Descalzo que dice así:

“Hoy creo que, poco a poco, va avanzando en mí la visión luminosa y positiva de la humanidad. Creo, efectivamente, que en el mundo hay bien y mal, pero que sobreabunda el bien, aunque a veces el mal se vea más, sólo porque es más chillón. Lo mismo que creo que los hombres hacemos el mal más por torpeza, por inconsciencia, por precipitación, que por simple maldad. A veces me llevo desencantos y coscorrones cuando trato con la gente. Pero sigo creyendo que es preferible llevarse una desilusión al mes por haber confiado en la gente que pasarse la vida a la defensiva por creer que uno está rodeado de monstruos.”

 

BONUS TRACK

¿Te sentís que no podés con todo? ¿Sentís que vos solo no vas a poder lograr lo que querés? Está bueno hacer las cosas en equipo, conseguir apoyo, buscar seguidores y acompañantes pero alguien tiene que empezar,  ser el primero, enfrentar ciertas situaciones… o dar el volantazo y cambiar el rumpo hacia donde queremos ir…


 

“De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero” Benjamin Franklin

 

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